viernes, 6 de noviembre de 2015

VERSIÓN LIBRE DEL "SALMO 146"

"SALMO 146"
                          
 Versión del salmo 146, elaborado por el grupo de mujeres de la Comunidad Cristiana Latinoamericana (CCLA) en Onex, Ginebra, circuito de la Iglesia Evangélica Metodista Suiza, el pasado miércoles 28 de octubre en su estudio bíblico, dirigido por la pastora Roswitha Golder.

¡Alabado sea nuestro Señor!
 Alabaré al Señor con todos mis sentidos,
alabaré al Señor mientras dure mi aliento,
para cantarle en cada momento.
 
No confiaré en los seres humanos
porque a la tierra volverán
y sus proyectos terminarán.
 
Felices somos si confiamos en el Señor,
si tenemos esperanza solo en el Señor.
 

El Señor es creador,
el Señor es fiel,
el Señor es justo,
el Señor alimenta,
el Señor libera,
el Señor da vista,
el Señor levanta,
el Señor ama,
el Señor protege,
el Señor sostiene,
el Señor saca del camino al malo,
el Señor reinará por siempre,
 
¡Alabado sea nuestro Señor!
 
Tania Petersson Roldan,
secretaria de la CCLA

PUBLICADO POR: 


Música y arte litúrgico en Red
 

jueves, 5 de noviembre de 2015

VISIÓN Y MISIÓN DEL MOVIMIENTO




LECCIÓN

VISIÓN Y MISIÓN MTAL

.

Objetivos Específicos:

·         Presentar la Visión y Misión  del Movimiento de Teólogas de América Latina


·    Que las participantes se identifiquen con la visión y misión del Movimiento de Teólo-gas de América Latina.

·         Al terminar la lección las participantes tengan claridad de una dirección específica de lo que queremos lograr con la Visión y Misión del MTAL.

Tiempo Aproximado: 2.00


Texto Bíblico: Filipenses 3:7-17


Tener Listo:

1.            Un espacio adecuado para trabajar en grupo

2.            El   cuento   de   “La   oruga”   y  la   persona   que   lo

3.            Papelógrafos donde se escribirá por separado VISION Y MISION

4.            Cinta type, marcadores, lo que sea necesario


PRIMER MOMENTO.

Bienvenida.

Animamos a que cada participante diga su nombre

Dinámica:

1.            Que cada participantes busca en su entorno un objeto con el cual se pueda sentir identificado ya se por su apariencia y utilidad. Por ejemplo un foco, una flor, una silla etc.

2.             En parejas comparten por qué escogieron ese objeto y compartan la utilidad que tiene y las cosas que pueden lograr con ese objeto: por ejemplo si escogió un foco puede decir:


“cuando  el  foco   alumbra   yo   puedo.....”

3.            Una vez terminado el ejercicio la facilitadora puede dar la siguiente introducción


Introducción:

Este ejercicio nos ayuda para darnos cuenta que todas tenemos un horizonte hacia donde queremos llegar. Para llegar a él nos proponemos una tarea a realizar, que podemos considerar como nuestra misión.

Cuando escogimos el objeto y compartimos de su utilidad y las acciones que podemos realizar, nos dimos cuenta que la tarea a lograr o misión, está presente. Pensamos en ello en algún momento consciente o inconscientemente.

Todo esto nos ayuda y nos motiva para reflexionar en la excelente oportunidad que tenemos para descubrir la MISIÓN que como mujeres pertenecientes al MTAL tenemos, una misión que nos ha sido dada por Dios y que podemos realizar cada una en nuestro contexto y dirigirnos juntas hacia ese gran horizonte que tenemos por delante.


Todos y todas tenemos una misión que cumplir, pero algunos saben con claridad hacia donde se dirigen, tienen una visión clara y se encaminan hacia allá. Para otros y otras no es tan sencillo, si la estrella que les guía no es claramente visible solo caminan sin una dirección correcta


Veamos esta Historia de “La oruga” y estemos esta pequeña Oruga.


Se sugiere que alguien de entre el grupo previamente notificado pueda hacer la lectura.


LA ORUGA
No hay posibilidad 6 metros de asfalto.
Veinte automóviles por minuto
cinco camiones. Un tractor. Un carro tirado por
caballos. La oruga no sabe de automóviles
no conoce el ancho del asfalto
nada sabe de peatones, de ciclistas ni de motos.

La oruga solo sabe que más allá

crece el verde, un verde suculento acaso comestible. (Pasto?)
Ella apetece el ver y tendrá que cruzar a toda costa.
No hay posibilidad, seis metros de asfalto.
La oruga parte. Se pone en marcha sobre sus pies exiguos
Veinte automóviles por minuto.
Parte sin prisa, sin miedo, sin táctica.
Cinco camiones. Un tractor. Un carro tirado por caballos.
Parte y avanza, avanza, avanza. Y llega a su destino.
Otto Wiemer

REFLEXIONEMOS:
¿Cómo nos sentimos al escuchar esta historia?

¿Había obstáculos para que la oruga su misión? ¿cuáles? ¿Qué le motivó realmente a realizar esta tarea intrépida?


COMPARTIMOS
La visión o sueño de la oruga se encuentra en el horizonte y es lograr llegar a donde crece

el verde suculento y comestible. Ella no solo se queda estática soñando lo lindo que sería estar en lo verde, sino mas bien decide arriesgarse y caminar hacia allá. El lugar en el que se encuentra y las condiciones son muy difíciles; hasta podría decirse fuera de su control, hay grandes obstáculos que podrían desanimarle, y mejor quedarse estática, sin embargo el aliciente del horizonte la motiva a realizar su misión caminar y avanzar.

¿Qué más ideas te vienen de esta historia en relación a la visión y misión de la oruga y de la tuya?

Comparte y dialoga con tus hermanas


SEGUNDO MOMENTO

Se dividen por grupos para reflexionar (sugerencia)

Leamos juntas el pasaje de Filipenses 3:7-17



 Cuál es la Visión, sueño u horizonte al cual Pablo aspira  llegar?

Cuál es la Misión que Pablo tienen que realizar e invita a sus oyentes a hacerlo? Que aprendizajes tomo de este pasaje para mi vida y para el MTAL.?


Así mismo en el Movimiento de Teólogas Anabautistas América Latina tenemos una visión (un gran sueño) para estos próximos seis años. Juntas hemos hablado hacia donde queremos llegar tanto como lo que tendremos qué hacer misión (lo que vamos a trabajar)


Para ello hemos tomado las ideas de todas, en sus diferentes momentos y hemos realizado la tarea a realizar en este presente para dar pasos dirigidos -como la oruga- y avanzar y avanzar hacia el horizonte soñado!!


TERCER MOMENTO

Se presenta a las participantes por separado los letreros previamente escritos de: VISION Y MISIÓN. Pedimos a alguien que los lea



VISIÓN

Ser un movimiento de mujeres anabautistas latinoamericanas haciendo teología que contribuyan con sus dones en los ministerios de la iglesia en la construcción del Reino de Dios según el modelo de Jesús.



MISIÓN

Fortalecer y promover la formación, liderazgo y fraternidad de las mujeres de las Iglesias menonitas anabautistas de América Latina para contribuir en forma conjunta (hombres y mujeres) en todos los ministerios de la iglesia

En grupos pequeños pedir que comenten que es lo que les llama la atención de estos cuadros.

· Con qué nos identificamos


·         ¿De qué manera nos sentimos animadas a ser parte de este gran reto junto con muchas mujeres de América Latina?

·         Comparten todas sus impresiones.



CUARTO MOMENTO

Aplicación

·         Cada participantes vuelve a retomar el objeto que escogió al principio para poder compartir cual es su misión y como se suma y compromete a la Misión del MTAL. (Pueden compartir cada una o en parejas)

Cierre. En círculo tomadas de la mano oramos juntas para que Dios bendiga el Movimiento de Teólogas de América Latina.

NOTA: Puedes ajustar de acuerdo al contexto de tu región. Por. Rebeca González Torres.



jueves, 20 de agosto de 2015

TESTIMONIO

Graciela Ramírez de Darino, de Argentina,
participó en las reuniones del MTAL en ocasión de la celebración
de la Asamblea de 2015 del CMM en Estados Unidos

Las siguientes son sus reflexiones:

"Por primera vez asistí a un Congreso Mundial Menonita.
Gracias a mujeres que pertenecen al Movimiento de Teólogas Anabautistas de América Latina (MTAL)  y que pensaron que sería bueno para mí poder concurrir, fue que pude disfrutar de tantas circunstancias y emociones diferentes e impactantes. Por muchos días, después de  terminadas las reuniones, no sabía ni que pensar de tantas vivencias nuevas. Esta es la razón por la que me he tomado un tiempo para expresar algo de lo vivido.

Lo que más observé es a un buen número de mujeres preocupadas y trabajando en definir objetivos, ampliar metas y proyectos con miras a varios años por delante, todas entusiasmadas y felices de la tarea que realizaban.

Por momentos me sentía ajena a tanta pasión pero por otro lado ello me obligó a plantearme qué me pasa a mí en relación con todos estos proyectos y en qué lugar estaré a futuro involucrada,  no por obligación o para quedar bien, sino asumiendo el desafío de ser también parte de este movimiento con mayor compromiso y con el deseo de bendecir a otras mujeres que están necesitando descubrir sus potenciales en las manos de Dios.

Cuando me invitaron a ser parte de este movimiento, acepté sin estar consciente de cuán necesario podía ser para mí y para muchas. El taller "Cuidándonos entre nosotras" me ayudó a ver otras realidades que estaban viviendo las mujeres y que yo desde mi rincón familiar y eclesiástico, muy cómodo, no había conocido.

Imagino que como yo, muchas mujeres necesitan ver otras realidades y por eso es mi deseo que podamos abrir no sólo nuestros ojos al mundo sino también pedirle a Dios que nos desafíe con el deseo de ser sus instrumentos para bendecir a los necesitados.

He regresado pensando que Dios tiene un plan para mí en los próximos meses y años. Tal vez use a alguna de ustedes, que están leyendo, para proponerme la tarea a realizar. Aquí estoy, dispuesta a ser desafiada. Seguramente seré feliz realizando la tarea que surja."
  
Graciela Ramírez de Darino


Agosto de 2015. 

lunes, 13 de julio de 2015

REFLEXIÓN BÍBLICA

 CINCO MUJERES RECLAMAN SUS DERECHOS
Las historias de vida de muchas mujeres latinoamericanas se parecen a esas historias que nos cuenta la biblia. Más de 2000 años, un océano y otras tantas cosas nos separan de aquellas mujeres, pero lamentablemente hay cosas que no han cambiado en sustancia. Muchas mujeres hoy siguen siendo in-visibilizadas y empobrecidas por un sistema de producción capitalista y patriarcal que genera desigualdad y por consecuencia el pecado de la injusticia

La historia que compartiré seguidamente fue presentada por la pastora y teóloga Mercedes García Bachman en el marco de la Consulta Regional Río de la Plata y nos muestra que la resistencia y el no callar de las mujeres han permitido soportar situaciones difíciles, propias de una época donde como mujeres no tenían ni derecho a la auto-sustentabilidad.

"Voy a concentrarme en la historia de una familia bíblica, la de Selofjad. Quizás la conozcan, pero realmente no está entre las más tratadas en los estudios bíblicos, menos aun en los estudios más académicos y, hasta donde sé, tampoco aparece en nuestros leccionarios. ¿Será porque es “una historia de mujeres”? Permítanme leerles rápido su historia [Núm 27:1-11]

Entonces se acercaron las hijas de Selofjad, hijo de Jéfer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés. Selofjad había pertenecido a los clanes de Manasés, hijo de José, y sus hijas se llamaban Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá. Ellas se presentaron delante de Moisés, del sacerdote Eleazar, de los jefes y de toda la comunidad, a la entrada de la Carpa del Encuentro, y les dijeron: “Nuestro padre murió en el desierto. Él no formó parte del grupo que se amotinó contra el Señor –el grupo de Coré– sino que murió por su propio pecado y no tuvo ningún hijo varón. ¿Por qué el nombre de nuestro padre tendrá que desaparecer de su clan? ¿Por el simple hecho de no haber tenido un hijo varón? Danos entonces una propiedad entre los hermanos de nuestro padre”. Moisés expuso el caso al Señor, y el Señor le respondió: “Las hijas de Selofjad tienen razón. Asígnales una propiedad hereditaria entre los hermanos de su padre y transfiéreles la herencia de su padre. Di además a los israelitas: Si un hombre muere sin tener un hijo varón, ustedes harán que su herencia pase a su hija; y si no tiene hija, se la dará a sus hermanos. Si tampoco tiene hermanos, entregarán la herencia a los hermanos de su padre; y si su padre no tiene hermanos, se la darán a su pariente más cercano entre los miembros de su familia, y este tomará posesión de ella”. Esta es una prescripción legal para los israelitas, como el Señor lo ordenó a Moisés.

Lo primero que podríamos preguntarnos es si esta es la historia de Selofjad o de sus hijas, pero en realidad sería una pregunta ociosa, porque el padre vivirá en su descendencia y las hijas tendrán tierra en nombre de su padre; más precisamente, para que el nombre de su padre no se pierda de entre los hijos de Manasés, su tribu.
El contexto inmediato de esta historia es el censo ordenado por Yavé a Moisés y Eleazar para establecer el número de varones adultos aptos (para formar una familia y para la guerra, de 20 años para arriba). “El número de miembros varones de una tribu es la condición para la recepción de la tierra que le corresponderá en Canaán”.[1] Por lo tanto, si no hay varón de 20 años o mayor apto para la guerra y la casa, no hay tierra. Alrededor de estos requisitos, llaman la atención varios elementos en esta historia, que aquí voy a enumerar.
Un 1º dato llamativo es que las cinco mujeres sean nombradas, cuando en general no es esta la práctica; a pesar de que no recordemos sus nombres, este es un dato importante para la narración. Es más, hay dos textos que continúan su historia y allí vuelven a ser nombradas las cinco. El derecho a un nombre propio y a un apellido no es poca cosa, aunque lo demos por supuesto.
Otro elemento importante es el grado de organización o planificación que demuestra su petición, que podría parecernos pequeña, pero no lo es. No sabemos mucho sobre Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá, pero podemos imaginarnos algunas cosas. Primero, el hecho de ser todas solteras indica que muy posiblemente eran adolescentes, puesto que la práctica era casarlas alrededor de los 12-13 años. No sabemos nada de su madre, si aun vivía o no, ni quién era. Sabemos que no tenían hermanos pero sí primos (estos aparecen en la siguiente historia).
Si bien podríamos suponer que haber quedado huérfanas podría haber retrasado todos los planes familiares de casamiento, es difícil pensar que ningún tío o primo hubiera asegurado el futuro al menos de alguna de estas chicas comprometiéndola o casándola. Se suele suponer que los hermanos se hacían cargo de sus madres y hermanas solteras al no tener éstas tierra propia ni del marido; cinco mujeres solas hubieran sido una carga para la familia o la comunidad, que no hubiesen podido



[1] Notado por mi colega y amiga Wilma Rommel.

ignorar aun si las hubieran relegado a la pobreza; siempre era más ventajoso casarlas. De modo que es altamente probable que estuvieran entre la niñez y el fin de la adolescencia. Y sin embargo, se organizan para peticionar a las autoridades máximas algo tan importante como tierra y se presentan juntas. Quizás no todas estuvieran de acuerdo; quizá alguna tenía miedo o era más tímida; pero el hecho es que se presentan unánimes.
La manera en que hacen su presentación, que es solicitar el derecho básico de la memoria del padre entre sus familiares de Manasés puede resultarnos llamativa, pero en realidad es lógica. En un tiempo y una cultura que no creía en la resurrección, la memoria de los antepasados era fundamental. Y en Israel estaba ligada a la descendencia masculina, que a su vez estaba ligada a la posesión (en nuestra historia, todavía promesa, no realizada) de una heredad, de una parcela de tierra dentro del clan y de la tribu. “Si bien nuestro padre murió en el desierto —alegan Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá, hijas de Selofjad— no murió entre aquellos que, siguiendo la rebelión de Coré, fueron castigados con la erradicación de su nombre de entre los israelitas. Por lo tanto, para que su nombre no se pierda, siendo que no hay hijos que reciban tal heredad, pedimos ser nosotras quienes hagamos posible tal memoria.” Un rabino emérito ya en 1997 comienza su artículo diciendo que “Se puede argumentar que las hijas de Selofjad fueron las primeras feministas en Israel”, un argumento interesante de por sí.[1] Sin embargo, la verdad es que las hijas ni plantean una cuestión de igualdad de derechos entre hijos e hijas ni mucho menos, entre prole nacida dentro y fuera de un matrimonio. Es más: hay cinco “hijo de” antes de que aparezcan sus nombres. Sin embargo, al mismo tiempo nos dan elementos para considerar su acción lo suficientemente fuera de serie como para haber quedado registrada en la Biblia 3 veces.
También es cierto que aunque lo plantean como un derecho para el padre fallecido (igual que haría Tamar la nuera de Judá o cualquier otro caso de levirato), está en juego su propia supervivencia en una sociedad patriarcal, patrilineal y en general virilocal. Y este es otro tema importante aun hoy, el derecho a tierra o a otra fuente de sustento digno, no a la mendicidad, a un plan social o a cualquier forma de sustento indigna. Las hijas probablemente sabían que, si planteaban su petición a partir de su propia necesidad socio-económica y no de la tradición patriarcal, recibirían un paternalista “nosotros las vamos a cuidar, no se preocupen”, que no les permitiría asegurarse un futuro.
Otro punto importante en nuestra historia es que las hijas acuden a toda la comunidad, plantean por las vías legales correspondientes su petición. Este punto no es tan importante en otras historias bíblicas, pues no siempre la autoridad establecida escucha el derecho y a veces (como Tamar con Judá, Rut con Boaz, Rahab con los espías, la viuda importuna con el juez) hay que acudir a una triquiñuela para lograr lo que la justicia niega.
Un último elemento que deseo destacar antes de pasar al siguiente texto es cómo su petición sienta precedente. Como según la costumbre establecida en Ex 18 cualquier cuestión jurídica debía plantearse a los jueces cercanos al pueblo, quienes a su vez llevarían las que no pudieran resolver a instancias superiores hasta Moisés, tenemos aquí un caso que llegó a la Corte Suprema. Y es que lo que Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá están planteando es que Yavé se olvidó de legislar para las hijas. Lo que ellas traen es un caso sin jurisprudencia y por lo tanto, finalmente, Moisés tiene que planteárselo a Yavé y Yavé reconoce que las hijas tienen razón. A mí me parece, entre paréntesis, que una de las características más interesantes de nuestro Dios es su capacidad de reconocer una falla y enmendarla, en lugar de aferrarse a su condición divina y negarnos cualquier apelación. Las cinco muchachas huérfanas de la familia de Selofjad, de la tribu de Manasés, están diciendo: “no contemplaron en la legislación nuestra situación”. El derecho a apelar judicialmente y el derecho a leyes más justas para los sectores más débiles de la sociedad también son importantes. 


Pero la historia continúa pues, como suele pasar con los logros sobre los derechos
conseguidos, el revés llega por la puerta trasera. [Núm 36:1-13]

[1] Josiah Derby, “The Daughters of Zelophehad Revisited”, JBQ  25.3 (1997): 169-171 (169).

Los jefes de familia del clan de los descendientes de Galaad –hijo de Maquir, hijo de Manasés, uno de los clanes de los descendientes de José– se presentaron delante de Moisés y de los principales jefes de familia de Israel y les dijeron: El Señor mandó a Moisés que repartiera el país entre los israelitas mediante un sorteo, y Moisés también recibió del Señor la orden de entregar a sus hijas la herencia de nuestro hermano Selofjad. Ahora bien, si ellas se casan con un miembro de otra tribu de Israel, su parte será sustraída de la herencia de nuestros padres y se sumará a la herencia de la tribu a la que van a pertenecer. De esa manera, disminuirá la herencia que nos ha tocado en suerte. Y cuando los israelitas celebren el año del jubileo, la herencia de ellas se sumará a la de la otra tribu y será sustraída del patrimonio de nuestra tribu.
Entonces Moisés, por orden del Señor, dio estas instrucciones a los israelitas:
La tribu de los descendientes de José tiene razón. Esto es lo que el Señor ha ordenado respecto de las hijas de Selofjad: Ellas pueden casarse con quien les parezca mejor, con tal que lo hagan dentro de un clan perteneciente a la tribu de su padre. La parte hereditaria de los israelitas no pasará de una tribu a otra, sino que cada israelita deberá retener la herencia de su tribu paterna. Por lo tanto, toda joven que posea una herencia en alguna tribu de los israelitas, se casará dentro de un clan de su tribu paterna, de manera que los israelitas conserven cada uno la herencia de sus padres. Así, ninguna herencia pasará de una tribu a otra, sino que cada una de las tribus de los israelitas retendrá su parte.
Las hijas de Selofjad procedieron como el Señor se lo había ordenado a Moisés. Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá, hijas de Selofjad, se casaron con hijos de sus tíos paternos. Y como lo hicieron dentro de los clanes de los descendientes de Manasés, la herencia de ellas quedó en la tribu del clan de su padre.
Estos son los mandamientos y las leyes que el Señor dio a los israelitas por medio de Moisés, en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

Mientras que las hijas de Selofjad, Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá presentaron su caso frente a toda la asamblea, los ancianos, el sacerdote Eleazar y Moisés, los jefes de las familias del clan de Manasés presentan su caso solamente delante de Moisés y de los principales jefes de familia de Israel. En realidad, hacen lobby! Porque lo que presentan es un caso supuesto (que las hijas se casen con varones de otras tribus) que en realidad no tiene mucho asidero por varias razones: primera, que las mismas historias bíblicas (particularmente en Jueces y después en Samuel) muestran que aun un varón israelita que vivía fuera de su clan era considerado ger, un término que también se aplica a los extranjeros; por lo tanto, el casamiento o el asentamiento intertribal no era común.[1] La mayoría se casaba dentro de su grupo más inmediato, siempre que no incurriera en incesto. Segundo, la tierra no se la iban a llevar los descendientes o el esposo a otra tribu, de modo que ¿cuál era el temor? Tampoco se habla de impuestos posibles. Finalmente, estos varones tampoco aportan (a diferencia de las hijas) una solución a un problema importante. Lo que aportan es miedo a que el sistema patriarcal no funcione tan aceitadamente como hasta entonces. Y los notables de la comunidad (varones ellos) reaccionan como era de esperar: legislan restringiendo su libertad. Si bien Moisés presenta esta nueva legislación como palabra de Yavé, no consta que hubiera consultado y menos aun que Yavé dijese “esos varones tienen razón” (de nuevo, a diferencia de lo que había pasado con la petición de las hijas). Este dato coincide con la constatación de que tampoco se dice que Eleazar el sacerdote estuviera presente.
La historia culmina con la noticia de que las hijas de Selofjad Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá se casaron con sus primos, de modo que la herencia de ellas quedó en la tribu del clan de su padre. Las hijas no parecen haber tenido problemas con esta restricción. Y tampoco quedaron registrados los nombres de sus esposos.
Estas anormalidades textuales despertaron el interés de los antiguos rabinos por encontrarle explicación. En general hay gran admiración por estas cinco mujeres fuera de lo común.[2] Por ejemplo, un dicho rabínico dice que “Eran virtuosas, puesto que se casaron solamente con hombres dignos de ellas”. Además, también les atribuyen sabiduría y habilidad para interpretar las Escrituras.[3]
Para finalizar, un tercer texto, Josué 17:3-6, constata que para lograr la aplicación de la legislación las hijas tuvieron que volver a reclamar, esta vez ante Eleazar  el sacerdote, Josué hijo de Nun y ante los jefes (v. 4).
Aquí termina su historia registrada, la historia de muchachas jovencitas, sin varones que las apadrinaran, sin madre presente y huérfanas de padre, sin tierra propia excepto después de muchas luchas. En su caso, a diferencia de muchos otros casos antiguos y actuales, lograron la seguridad de una tierra, de una comunidad que concedió su derecho aunque después lo limitó, y de las respectivas familias que formaron con sus parientes más cercanos, sus primos paternos."….  Como dicen en las tiras de ficción: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.


[1] Véase por ej. el levita “que vivía como forastero en Efraím” con su concubina que pasan la noche en Guibeá, donde los recibe un “hombre de la montaña de Efraím y residía en Guibeá como forastero, porque la gente del lugar era benjaminita” (Jue 19:16).
[2] Algunos rabinos interpretaron que solamente se aplicó a la generación del desierto, no a las posteriores; otros que, al contrario, se aplicó a las generaciones siguientes pero se exceptuó a las hijas de Selofjad. Otros consideraron que la protesta de los jefes de los clanes no estaba dirigida a la cuestión en sí, sino que era Dios quien otorgaría la tierra por sorteo y no era Moisés quien debía darla. En fin, tampoco hay otra evidencia de que se haya cumplido con esta ley alguna vez.
[3] Yael Shemesh, “A Gender Perspective on the Daughters of Zelophehad: Bible, Talmudic Midrash, and Modern Feminist Midrash”, Biblical Interpretation 15 (2007) 80-109.