jueves, 8 de septiembre de 2011

REFLEXIÓN DE DIANA ROCCO

"Para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza(...)el Dios de la paciencia y el consuelo nos conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos."
 Romanos15:4



Pablo habla en este pasaje de fuertes y débiles. ¿Nosotros somos los fuertes, o los débiles que nececitamos de cuidado y socorro? Yo creo que los dos: a veces somos los fuertes que corremos en ayuda y consuelo del prójimo, y a veces somo los débiles que necesitamos ser cuidados, ayudados y consolados.
El tema es estar dispuesto a dejarse ayudar y, a la vez estar dispuestos a ayudar, socorrer y cuidar. No siempre lo estamos, en verdad.
El odio, los rencores, las viejas heridas, se interponen. Pero el apóstol Pablo nos exhorta a tratar de estar siempre dispuestos, "siempre listos" al llamado y a la necesidad del hermano, que puede o no ser un conocido, un familiar, un amigo. A lo mejor es el que en una esquina se ofrece a limpiarnos los vidrios del auto. A veces, el que pide una monedita, que no sabemos para quién o qué será. A veces, puede ser aquel que consideramos un enemigo. Pero, ¿tenemos derecho a rechazar la oportunidad que se nos ofrece de ayudar? Es más , ¿podemos dejar que nos ayuden cuando sea necesario?
Si no aprendemos a ayudar y a cuidar, no seremos ayudados ni cuidados. Es así de simple. "Para que con la paciencia y el consuelo que dan las escrituras, mantengamos la esperanza", y para que "el Dios de la paciencia y el consuelo nos conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimienos".
Que Dios nos dé fuerza suficiente para poder pedir ayuda cuando la necesitemos y para ayudar tantas veces como sea posible.
Amen.

Artículo extraido de "Lecturas Diarias 2011"
Diana Rocco: Doctora en Historia, especializada en Historia del Cristianismo Antiguo y miembro de la Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires (Floresta).

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