sábado, 25 de enero de 2014

CRÓNICA DEL "SEMINARIO TALLER" EN BOLIVIA


  “El cuidado pastoral entre mujeres”
  Apoyo mutuo ante dificultades y angustias a sanar 

Culminando las actividades de este año, en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia, del 13 al 17 de noviembre, el movimiento de Mujeres Teólogas Anabautistas Latinoamericanas organizó el último seminario-taller de “Cuidándonos entre Mujeres”, programa que forma parte de una serie de encuentros que tuvieron lugar en diferentes regiones del continente, y que fueron luego replicados por sus mismas participantes en los diferentes países en donde se llevaron a cabo.


Carolyn Holderread Heggen y Rhoda Shenk Keener fueron en esta oportunidad las facilitadoras que guiaron esta jornada que contó con la participación no sólo de hermanas Bolivianas sino también de Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina y de E.E.U.U.

Los temas que se trataron fueron:

    1- Reconociendo nuestra identidad de amadas de Dios
    2- Cuidándonos nosotras mismas y a otras
    3- Escuchando con compasión
    4- Transformando la pérdida y la aflicción


Comenzamos reconociendo que el primer paso para la sanidad es la compasión para con nosotras mismas, y que todas las mujeres tenemos la impresión digital del dedo de Dios que nos transmite su amor y que nos ha elegido para algo especial.

A partir de una dinámica del relato de Juan 4:1-42 titulado “La mujer amada de Dios detrás de la máscara” se trabajó con respeto y cuidado el hecho de reconocer que todas tenemos una máscara que no nos permite ser tal cual somos, algunas veces hasta puede deberse  a razones traumáticas.

En un ambiente cálido y liberador se trataron temas tan profundos como la violencia doméstica, simbólica, la violencia en las iglesias y el abuso sexual hacia las mujeres y niños, temas que muchas veces no se hablan en las Iglesias ni en los hogares.

En todos los puntos que tocamos se hacía referencia a la palabra de Jesús; palabra tan sanadora que no da la posibilidad de cambiar nuestras historias, de redimirlas y ayudar a otras y otros en transformar la pérdida y la aflicción en fortalezas.



Gracias queridas hermanas Carolyn y Rhoda por sus aportes, sabiduría, cuidado y por compartir sus historias.

Gracias coordinadoras de Bolivia  por organizar con tanto esmero este encuentro.

Gracias Linda por tu gestión y  darnos la posibilidad de concurrir a las que veníamos de lejos.

COORDINADORAS DE BOLIVIA, YUNETH, ANGELA, JUANITA Y LIZETTE



Ester Bornes 
Coordinadora del M.T.A.L. del Cono Sur

sábado, 11 de enero de 2014

REFLEXIÓN BÍBLICA " CARTA A TAMAR"
















Yo, Claire DeBerg, ofrecí el siguiente mensaje a la Iglesia Menonita Emmanuel, de Minneapolis, Minnesota, el domingo, 24 de noviembre de 2013.
Es parte de una serie de sermones que nuestra iglesia eligió para el proyecto de la Iglesia Menonita USA,   ‘Mujeres en el Liderazgo’ como recurso para ayudar a las congregaciones a tratar y actuar en cuanto al tema: Ves a esta mujer: Rechazando el patriarcado y avanzando hacia relaciones correctas
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Estimada Tamar,
Que la paz sea contigo.
Te escribo una carta, querida hermana, porque necesito decirte algunas novedades importantes. Además soy escritora y esta es una de mis formas favoritas de comunicarme. Es penosa esta historia de tu violación. He llorado esta semana mientras trataba de explorar ese momento en la historia, ese momento en la historia de la relación de Dios con la humanidad. Simplemente te quedas con la boca abierta por el asombro ante el comportamiento de los hombres que participan en esta tragedia, antes, durante y después. Cerré los ojos muchas veces tratando de hacer que las palabras que leía en la Santa Biblia se entreveraran y desaparecieran. No quería creer que esta historia pudiera ser verdadera. 
Admito que ésta y todas las historias de violencia sexual son difíciles de enfrentar con los ojos bien abiertos y los oídos bien sintonizados. Puede ser aterrador escuchar la verdad cuando es enfermiza, dolorosa, horrible. Llegué a sentir que si podía desligarme, la violación no habría sucedido. Igual que cuando mi bebé quiere esconderse y simplemente cierra los ojos porque entonces el mundo desaparece de su vista y él cree que está escondido. Da miedo lo oscuro de tu violación, porque en la misma está oculta la historia de mujeres que yo conozco y amo, de mujeres  que han compartido sus historias conmigo, de mujeres que aprecio que no han compartido conmigo sus historias, y aun  de mis historias, Tamar.  Sí, también pude ver surgir algo de mi propia historia en la oscuridad de este pasaje por más que traté de hacerlo desaparecer.
Te escribo desde una época en que el mundo es muy diferente del que tú conociste pero  que tristemente, está llena de similitudes. He leído el relato de tu violación una y otra vez y me pregunto: ¿Supiste que lo que te pasó quedó registrado por escrito? Sí, es verdad. No es la historia más leída y meditada hoy porque es muy triste y está cargada de respuestas inaceptables de parte de cada uno de los hombres incluidos en la historia.
Pero quiero que sepas esto: tu historia, y tu violación, y tu poderosa respuesta han sido repetidas por cientos de años y en miles de idiomas. Los hombres leen sobre tu violación. Las mujeres están leyendo sobre tu violación. Estamos escuchando el eco de tu lamento como una explosión de llanto en nuestros corazones y mentes desde el pasado.
El relato de tu violación es conocido. Ha sido relatado una y otra vez. Se tiene en cuenta. Eres tenida en cuenta.
Hay muchos pequeños momentos en tu historia que me llamaron la atención, que me obligaron a releer, y me hicieron estremecer. Iban más allá de los límites de mi mente y corazón cada noche cuando trataba de conciliar sueño. Primero, tengo esa extraña sensación de gratitud porque tu historia fue incluida en estos textos sagrados, esta Palabra de Dios con mayúscula. Me siento agradecida por poder ir a la Santa Biblia y ver la cruda realidad que viviste, Tamar. No es una historia agradable. No es una historia curiosa y entretenida que termina bien. Alabado sea Dios. Esta Santa Biblia está llena de historias de la vida real, y toda la fealdad y la tristeza y la celebración que tienen lugar en la vida real. Alabado sea Dios porque somos lectores confiables y estas historias ya no dejarán de relatarse.
De modo que tu historia está viva y tristemente hubo otras instancias de horribles violaciones en aquel entonces que terminaron de otra manera y detesto recordarlas, y sin embargo no fueron registradas ni contadas una y otra vez. Pero tu historia sobrevivió y tengo que creer que fue porque tú y las personas que te rodeaban no permitieron que se borrara, se  eliminara, fuera dejada a un lado. Tú hablaste, gritaste, y desgarraste tus vestidos y expresaste la alarma que demasiadas mujeres sienten que deben callar. El riesgo que debe haber representado nombrar a tu violador y proclamar esa desgracia ni me lo imagino, Tamar. ¿Tal vez te podían haber matado? ¿Pudieron haberte echado de la familia? Como tú hablaste, otras mujeres han decidido expresarse y salieron de las sombras de la culpa y la vergüenza hacia la luz de la esperanza y la sanidad. Así que gracias por tu poderosa decisión en aquel momento hace tanto tiempo.
Me doy cuenta, también, que mucha de la emoción ha sido recortada de tu historia.  No podemos ver tu vida cargada de tristeza sobre tristeza pesando sobre tus hombros: un hermano violador, un padre fríamente inactivo, un hermano asesino.  Es difícil ver en estos hombres algo de compasión hacia ti.  Lo que también falta es lectores que habiendo tenido que ser testigos de tus quemantes lágrimas, de  tu cabello revuelto, escupiendo, gritando no, no, no, gritando, basta! basta!  durante tu violación. No se nos da un vistazo de tus noches insomnes, asustada, inundada de ira, tragándote los gritos, comiéndote las uñas, mirando las estrellas, deseando algo diferente. No tenemos información sobre cómo las cenizas se pegaron en tu cabello y en tu piel con las lágrimas saladas que resbalaban por tu rostro.  No te vemos agarrar tu bonito vestido con manchas oscuras de la ceniza cuando desgarrabas las mangas por el duelo de haber perdido tu virginidad y haciéndolo saber a todos los que pasaban a tu lado al regresar a tu casa. No podemos ver a tus hermanas y a tu madre y tus tías y a tus amigas abrazándote, tomando tu cara entre sus manos, limpiando de ceniza tu frente y haciéndote recordar que hay algo que nada puede destrozar, robar o violar: tu alma.  Y, Tamar, todo eso que no vemos es lo que deberíamos ver.
Por lo tanto, la forma en que tu historia fue relatada es mala noticia para los lectores. Esta falta de emoción nos impide verte a ti. Eres descrita como una chica hermosa, pero si yo estuviera escribiendo tu historia, tu aspecto no importaría, no debería importar.  Es algo con lo que aun hoy en día las personas luchan—culpar a la víctima.  He aquí como eso puede ponerse de manifiesto hoy: nuestra cultura perpetúa el concepto de que las mujeres en parte deben tener algo de  culpa cuando son víctimas de violencia sexual por causa de la ropa que usan o cómo se ven, para tratar de convencer a otros que ella “se lo estaba buscando”, o que “ella lo veía venir”. 
Ninguna. No, ninguna merece o pide ser violada. La culpa la tiene solamente el violador. Tamar, tu apariencia física no es la causa de la violación sexual que sufriste. La razón por la que ocurrió fue la voluntad y el deseo de tu hermano de dominarte y controlarte sin tomar en cuenta tu humanidad.
No, en lugar de hermosa, yo te describiría como poderosa, por esta razón: Tú fuiste tan poderosa que tus palabras fueron inconfundibles y quedaron grabadas en las mentas de las personas a quienes las dirigiste. Fuiste poderosamente valiente al relatar la violación. Aun el breve instante en que amasaste y cocinaste el pan para tu hermano fue incluido en esta historia. ¿Por qué? ¿Por qué este momento de preparar su comida, este  momento de hacer esa comida, este simple acto de alimentarlo? Es este pequeño, amable detalle lo que creo que magnifica los pocos momentos antes de que tu vida recibiera un nuevo título: el de víctima de violación. Tú estabas respondiendo como debías a los deseos de tu padre de que cuidaras de tu hermano. Ese momento incluido en tu historia me muestra la notable diferencia entre personas que se preocupan y respetan la vida y aquellos que la desprecian.
Seguramente no fue tu violador quien dijo una y otra vez cuánto suplicaste mientras él te violaba. Por cierto no estaba jactándose delante de sus amigos en cuanto a lo que tú dijiste y cómo lo dijiste. Habría quedado como un tonto. Tú tratando de negociar con tu hermano violador recordándole que él podría haberte tenido y amado en la forma correcta si solamente se lo hubiera pedido al rey, pero él tenía tan poco carácter en comparación con tu fortaleza.  Por cierto no fue tu otro hermano el que contó una y otra vez tu historia. Cuando oyó la noticia él fue quien te aconsejó no hablar con nadie sobre la violación y no preocuparte.  No fue ese recuerdo el que le duró por años. Dejó que la semilla de ira diera vueltas en su interior hasta que mató a tu violador en un esfuerzo por traer un cierto equilibrio retorcido que crea más tristeza en una situación ya desgarradora.  No fue tu padre seguramente, que conocía los detalles de tu encuentro con tu violador pero no hizo nada excepto PENSAR que estuvo mal.  Esos hombres que te rodeaban, tu padre y hermanos, y aun ese primo, fueron terriblemente indiferentes. Y sin embargo, tú, Tamar, no lo aceptaste. Tal vez no fue problema para ti seguir las instrucciones de tu padre de hacer pan y alimentar a la familia. Tú probablemente tienes toneladas de historias en las que la comida que hiciste no fue aceptada o fue groseramente recibida o tirada a los perros. Historias que tú tal vez tenías en mente y sabías cómo eran los hombres de tu familia.
Pero cuando se trató de tu vida y de tu virginidad y de tu cuerpo, no pudiste descartar la violación con indiferencia, encogiéndote de hombros. Tamar, tú estás profundamente a tono con lo que importa en esta vida. Esos hombres no eran unos campeones. Se trataba de ti. Era tu historia y tú la contaste una y otra vez a las mujeres que conocías y ellas atesoraron tu historia y te honraron, de manera que tu historia continúa viva.  Es un poderoso testimonio. ¿Dónde aprendiste que el silencio puede ser casi tan grotesco como el abuso físico y la violencia? Me alienta que no hayas almacenado más dolor en tu persona sellando tus labios, cerrando tus ojos, encogiéndote de hombros.
Pero tengo más noticias malas, esas mismas reacciones, esas mismas cabezas que miran para otro lado, y esa flagrante negación, todavía existen hoy.
Sin embargo.
Yo sé, tú pensarías que el enorme riesgo que corrías gritando aterrorizada sería una lección para el mundo del futuro para que nada parecido sucediera nunca, nunca más en este mundo que Dios ama tanto, pero mucho me temo que continúa sucediendo. Todavía hay mujeres y hombres que gritan no, no, no ante la violencia de sexo y son completamente ignorados. Todavía hay personas que ejercen su poder por medios sexuales y esto está ocurriéndoles a miembros de nuestras iglesias y a personas de nuestra vecindad y en lugares de nuestras comunidades que ni te puedes imaginar.
Cada dos minutos, en el tiempo necesario para amasar un pequeño pan, una mujer o una niña de los Estados Unidos es violada. Diez habrán sido atacadas,  en realidad, para cuando hayas terminado de leer esta carta. Casi la mitad de esas víctimas son chicas jóvenes, niños y niñas y adolescentes de menos de 18 años. ¿Casi la mitad? Lo que más preocupa es que la otra mitad de  estos ataques sexuales nunca, nunca son denunciados. Nunca son relatados como tú, tan poderosamente, decidiste hacerlo, Tamar. Algunas mujeres y niñas ni siquiera saben reconocer la violencia sexual. Pero desde tu historia ha habido claras definiciones. Violencia Sexual es toda actividad sexual en la que no ha habido consentimiento, o éste no ha sido otorgado libremente, ocurre cada vez que una mujer o un hombre son forzados o manipulados para realizar una actividad sexual no deseada.
No todos los tipos de violencia sexual incluyen contacto físico. Violencia sexual puede ser:
-        Violación
-        Ataque sexual
-        Incesto
-        Explotación sexual
-        Contacto sexual indeseado
-        Contacto sexual inapropiado
-        Acoso sexual
-        Exposición
-        Amenazas
-        Acecho
-        Cyber acoso
-        Espiar
Tamar, quiero que sepas que ahora la violencia sexual es un crimen que es castigado así que a las mujeres y hombres que hoy en día la denuncien no se les dirá que no lo cuenten a nadie o que lo dejen pasar. Tu violador se vio motivado a usar el sexo como un arma para controlar, dominar, humillar y lastimarte. Algunas chicas y mujeres hoy día prefieren no denunciar porque el poder del temor las enmudece. Y algunas veces el silencio sirve para proteger vida y otras veces el silencio permite que la oscuridad gane. La mayoría de los ataques sexuales de hoy son perpetrados en chicas y mujeres por alguien cercano a ellas,  que ellas conocen, igual que tú, Tamar. Lamento decirlo, igual que tú.
Tamar, hay algunas buenas noticias.  Tu historia es una inspiración para las mujeres de hoy día fieles al mismo Dios que tú adorabas. Tu poder ha atravesado cientos de años y está enseñando a algunas mujeres lastimadas a decir que no y a lamentar en voz alta y ser escuchadas.  Tal vez no lleguemos a desgarrar nuestros vestidos para expresar nuestro dolor, tal vez no echemos cenizas sobre nuestras cabezas, pero lamentamos junto con las víctimas de violencia sexual con ardiente oración, escuchando atentamente, y acompañándolas con sumo cuidado en verdaderas sesiones de sanidad, en espacios seguros para conversar, para escuchar y ser escuchadas. Esta semana descubrí, Tamar, gracias a ti, que un lamento es tanto una cosa como una acción. Es algo que se tiene y algo que se hace. Yo tengo un lamento. Yo lamento. Un lamento es una apasionada expresión de angustia o de tristeza. Lamentamos junto contigo la violación que sufriste en ti misma y en tu soledad. 
De modo que, Tamar, entraste en mi vida esta semana y me has enseñado a lamentar algunas de mis propias historias, algunas de mis propias experiencias oscuras. Quiero concluir con una historia que  surgió en mi memoria cuando escuché tu poderoso lamento. Aunque no voy a compartir mis incidentes de experimentar violencia sexual siendo una mujer adulta, compartiré una historia personal que es igualmente atemorizante para mí.  Aparentemente es un pequeño detalle en la historia de mi vida que siempre consideré que tuvo un final feliz, pero sabiendo lo que ahora entiendo sobre la naturaleza del abuso y la violación, el final ya no es feliz para mí.
Era una noche muy fría en el último día del año 2005. Yo había conducido desde Iowa a Minneapolis con mi hija Gloria, de 3 años de edad. El plan para el fin de semana era disfrutar de algunas películas infantiles por la tarde mientras bebíamos cocoa caliente con muchos malvaviscos y palomitas de maíz (o pororó)  con un grupo de amigos. Entonces, cuando los pequeños estuvieran durmiendo, los dejaríamos con los suegros de mi amiga y saldríamos para participar en una fiesta de Año Nuevo. Las películas eran realmente graciosas, la cocoa caliente y las palomitas de maíz bien enmantecadas, así que fue una tarde totalmente buena.
Cuando los niños se estaban quedando dormidos en distintos sofás, mi amiga y yo empezamos a prepararnos para la fiesta. Estábamos eligiendo vestidos ridículamente livianos para el profundo frío de una noche de diciembre en Minnesota.  Mi amiga y yo tratábamos de decidir cuáles nos quedarían mejor, si las botas de tacón de aguja o zapatos de tacón pero sin talón. Yo me sentía mareada y tonta y emocionada por haber sido invitada a  un lugar en el Año Nuevo por dos razones: 1) Yo no bebo y nunca lo he hecho, así que en general no soy la primera persona que alguien desea invitar a una fiesta donde se celebrará bebiendo mucho alcohol.  Así que estaba emocionada por haber sido invitada y trataba de hacer todo de manera que el fin de semana fuera un éxito. También estaba emocionada porque 2) yo era una madre sola desde el día que conocí a mi hija y simplemente no salía mucho, especialmente por la noche. Así que si había una invitación a una fiesta de Año Nuevo en Minneapolis, yo no podía resistir la tentación de ir. Cuando ya nos habíamos duchado y estábamos arreglándonos el cabello se había hecho tarde pero yo noté que mi amiga no parecía muy interesada en prepararse para salir. No se arreglaba el cabello, no decidía qué zapatos usar, ni siquiera se quitaba su bata de baño. Cuando yo estuve vestida y maquillada ella todavía no se había rizado las pestañas ni estirado el cordón de su plancha. Estaba como en la niebla. Finalmente le pregunté si ella pensaba ir o no y sin dudarlo, contestó: no. Me dijo que ella y su esposo iban a quedarse en casa.  Yo no lo podía creer. Me sentí herida porque para mí esta fiesta era como sentir que todavía era aceptada en el mundo de los adultos a pesar de esa nueva y extraña estadística en la que caía por ser madre sola. Todas mis quejas y resoplidos en el baño rogándole que me explicara por qué ella no iba y tratando de convencerla de todas las razones por las cuales ella debía ir a esta fiesta quedaron sin respuesta. Yo estaba enojada. Debo haber pestañeado  20 veces por mi disgusto. Había conducido 4 horas desde Iowa para asistir a una fiesta con mi amiga y ella se mantenía ausente. Era extraño para mí no saber qué le pasaba, pero terminé  calzándome los guantes de seda negros, elegí los zapatos con tacón de aguja que combinaban con mi vestido sin tirantes y partí de todos modos, enojada y perturbada. Fui a la fiesta, me encontré con algunas otras amigas y amigos, disfruté mucho  de la fiesta, llevé en mi auto a algunas amigas un poco mareadas y sonreí toda la noche.  No puede ni recordar los detalles del resto de aquel fin de semana.
Entonces, casi un año más tarde, recibí la misma invitación a una fiesta de Año Nuevo en la misma casa. Casualmente estaba almorzando con esta misma amiga que me había dejado de  lado el año anterior y estaba pensando cómo averiguar de manera discreta si otra vez ella iba a hacer lo mismo.  Por cierto yo me sentía un poco ofendida todavía porque nunca me habló de esa noche tan extraña, así que dudaba en hablar del tema pero finalmente le pregunté si ella recibió la invitación. Alegremente ella mezcló su ensalada y dijo que sí, había recibido la invitación y no podía esperar hasta que llegara el momento de ir y estaba pensando qué ropa deberíamos usar.
Entonces yo puse mi tenedor a lado del plato y la miré disgustada y le pregunté directamente: “¿Por qué no fuiste a la fiesta el año pasado? Era extremadamente importante para mí y me dejaste colgada”. Y tu historia, Tamar, se presentó claramente en su respuesta, que fue, “Claire, yo no fui contigo aquella noche porque mi esposo y yo no podíamos dejar a Gloria en una casa sola con mi suegro. Claire, él ha molestado sexualmente a cada niña de su familia”.
Oh, mi corazón. Oh, mi hijita. Oh, yo no sabía, Oh, mi amiga. Oh, Tamar. Oh, que deseos tenía yo de volver  y pasar el Año Nuevo con mu pequeña de 3 años entre mis brazos con su piyama blanco como la nieve. Oh, qué agradecida estaba porque mi amiga se había colocado como una barrera entre un abusador y una inocente. Oh, qué enojada estaba porque ella no me compartió esa noticia aquella misma noche. ¡Yo soy la madre! ¡Yo necesito saber de esas cosas! Y así entendí, ahora, cómo el poder de un violador sexual puede transformar a una persona. Mi amiga trató de guardar el secreto sobre su suegro y por eso esta historia no tiene un final feliz para mí. Es cierto que Gloria estaba segura y fue librada de esa situación. Sí, esa noche no pasó nada malo. Pero quienes guardan un secreto dejan poco lugar para que los perpetradores vean con claridad el merecido castigo y la posibilidad de arrepentirse. Ahora sé que mi amiga se sentía herida también y asustada, tal vez ella misma una víctima. Tiemblo de alivio porque mi hija estaba segura, se salvó, fue protegida esa víspera del Año Nuevo. Pero mi corazón se agita porque sé que no siempre va a haber alguien allí para proteger a Gloria o a tu hija, o a tu hermana, o a ti.  Y por todas las niñas y mujeres que no fueron protegidas esa noche y cada noche desde entonces, lo lamento.
Por lo tanto, mis amados y amadas…querida Tamar, querida Iglesia Menonita Emmanuel.  No guarden silencio y no guarden secretos. Escuchar más historias sobre violencia sexual significa que haya menos necesidad de lamentar por siglos y siglos. Más historias compartidas pueden transformar la impotencia  de una víctima en fortaleza, resistencia y vigor. Amar más a Jesús  hace que el temor no encuentre fundamento para apoderarse de nosotros.
No conozco tu vida de oración, Tamar, y no puedo decir que la mía es tan merecedora de ser imitada, pero algunas veces, cuando veo a una niñita jugando en un patio o a una adolescente en la parada del bus, o a una mujer conduciendo un minivan, o a una vecina regando sus geranios, cierro mis ojos y digo una oración por la protección y el amor de Dios hacia ella porque algunas veces eso es todo lo que puedo hacer y todo lo que debo hacer en ese momento. ¿Harías eso tú junto conmigo?
Dentro de un momento pediré a ustedes que hagan 3 cosas mientras piensan en las niñas que están en sus casas, en su vecindad, en esta iglesia, en este mundo. Les pediré que cierren sus ojos e inspiren y exhalen aire pidiendo que el abrir y cerrar su boca sirva para recordar a mujeres y niñas que es preciso compartir sus historias, su paz, su honestidad, su secreto así como tú hiciste por nosotras, Tamar.
Ahora, vamos a unirnos en esta oración de protección:
Cierren sus ojos y piensen en las mujeres y niñas que vengan a su mente y corazón.
Ahora, inspiren un largo aliento y manténganlo encerrándolas a ellas en él.
Ahora lentamente exhalen el aire y al hacerlo extiendan una manta tibia del amor y protección de Dios y de su paz sobre ellas y sobre sus historias. Amén.
Con cariño,
Claire

Traducción del inglés por Milka 

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Ves a esta mujer?  Renisha McBride y la Imagen de Dios

Publicado: el 25 Nov 2013 en el Blog de Women in Leadership de EE.UU.

Renisha McBride
Estas reflexiones son tomadas del blog de Drew Hart, Tomando a Jesús en serio… una perspectiva anabautista del negro. El Proyecto Mujeres en el Liderazgo (Women in Leadership)  comparte este artículo por dos razones. Primero, el título es el mismo que el de los recursos para la alabanza recientemente publicados,  Ves a esta Mujer?: deshaciendo el patriarcado y caminando en pos de relaciones justas, y comparte temas similares. Segundo, menciona la interconexión de género y raza, que el proyecto considera central para nuestro afán por terminar con el patriarcado y el sexismo en la Iglesia Menonita de EE.UU.

En Lucas 7:36-50, Jesús es invitado a la casa de un fariseo para la cena. Él tiene un lugar y un espacio reservado en la mesa. Su presencia es bienvenida. Sin embargo, una mujer se da cuenta de que Jesús va a estar en esa casa y decide entrar sin avisar. Sin embargo, el fariseo anfitrión de la fiesta sólo ve a una "pecadora", en lugar de una mujer que fue hecha a la imagen de Dios. Su reputación, estigmatizada como una pecadora, era razón suficiente para que muchos  marginaran a esa mujer en aquella sociedad. Esa mujer reconoce la dignidad de Jesús  y lo unge con aceite costoso. El fariseo, en su mente, cree que conoce la esencia de esta mujer, a quien ve solamente como una pecadora. Jesús y la mujer marginada,  son ahora juzgados igualmente por el fariseo porque Jesús  le permite ungirlo. Jesús le hace a este fariseo, Simón, una relato y luego una pregunta simple: "¿Ves a esta mujer "
Simón veía a una " pecadora ", pero Jesús veía a una "mujer" amada y creada por Dios. Simón instantáneamente juzgó a la mujer, como si conociera su esencia. Pero Jesús cambia el guión haciendo que en esa mujer, que fue marginada en su sociedad, se encarne la irrupción del shalom de Dios y de la actividad del Reino. Jesús levanta a esta mujer marginada como un ejemplo y norma a la altura de los cuales este hombre religioso no había logrado estar. A ella le dice que vaya y continúe su camino en la paz de Dios.
 A lo largo del Evangelio de Lucas, Jesús es presentado continuamente como alguien que se preocupa por las personas y se solidariza con las mujeres, a menudo también discipulándolas de una manera  que podría verse como una amenaza al orden social de su tiempo (y a menudo todavía de nuestro tiempo).  Jesús amaba liberar a las mujeres de las márgenes de la sociedad y de la esclavitud física en la que se encontraban. Esta "mujer pecadora" debe ser vista a la luz de cómo Jesús trata este tema a lo largo de toda su vida, que procura dar testimonio del amor de Dios hacia las mujeres en las márgenes.
El 2 de noviembre de 2013, en los suburbios de Detroit, Renisha McBride, una mujer negra de diecinueve años, tuvo un accidente de auto y necesitaba ayuda. Ella llegó a la casa y al porche de Theodore Wafer. En su búsqueda de ayuda, lo que Renisha recibió fue un disparo en la cara de parte de Wafer. Dos cosas que se saben. Primero, que el tiro no fue dado desde cerca. Esto es importante, porque esta era una joven de 19 años, herida en un accidente de auto, que no estaba cerca del hombre. ¿Qué clase de amenaza podía haber representado para un hombre de mediana edad? Segundo, sabemos que Renisha, ya por ser víctima de un homicidio, se transforma en una “pecadora” criminalizada por el nivel de alcohol en su sangre.  Nadie debe beber y conducir, todo el mundo entiende eso. Sin embargo, eso no es justificación para que un hombre adulto le dispare un tiro en la cara a esta chica de 19 años en su porche.
Parece que las mujeres negras de nuestra sociedad nunca merecen el mismo respeto y dignidad que la mayoría de las mujeres blancas de la sociedad dominante. En el momento en que la sociedad dominante pone sus ojos en las mujeres negras, rara vez se las ve como a personas  que deben ser protegidas y cuidadas, sino que más a menudo son marcadas con toda una variedad de estereotipos estigmatizadores. Voy a ser honesto, yo no estaba allí, así que no conozco todos los detalles de lo ocurrido. Pero lo que sí sé es que los prejuicios raciales tiñen cada encuentro en Estados Unidos. Además de eso, las mujeres negras siempre tienen que enfrentar no sólo ser negra, y no solo ser mujer, sino ser mujer negra. Renisha McBride tuvo que atravesar este espacio difícil, que el 2 de noviembre de 2013, se convirtió en un espacio mortífero.

Cualquier persona, que solo viendo a una mujer negra, piensa que conoce su esencia y naturaleza de forma instantánea, debe darse cuenta de que Jesús sigue solidarizándose profundamente con las mujeres marginalizadas. No importa lo mucho que estigmaticemos a las mujeres negras, Jesús nos recuerda que están hechas a imagen de Dios y por lo tanto proféticamente nos pregunta: "¿Ves a esta mujer?"

TRADUCIDO POR MILKA RINDZINSKI (URUGUAY)

martes, 8 de octubre de 2013

TAMAR


Historias No Contadas
2 Samuel 13:1-21

            Para la Iglesia  Menonita de Albany (IMA), en Estados Unidos, este ha sido un verano de explorar historias; historias sobre la valentía de príncipes y prostitutas, sobre la generosidad de ricos recaudadores de impuestos y empobrecidas viudas, sobre la fe de enérgicas hermanas, y la generosidad de amigos que te dan la mano.  Las Escrituras están repletas de historias como las que hemos escuchado en las últimas 12 semanas—graciosas y desafiantes, inspiradoras y desconcertantes.
            Pero  existe también una serie de historias en las Escrituras que  apostaría que nunca las han escuchado en la iglesia. Estas historias son tan perturbadoras y nos dejan preguntas tan difíciles que la mayoría de nosotros preferimos hacer de cuenta que no están en la Biblia. La historia de esta mañana es de esta última clase. El hecho de que el incidente ocurrió en la familia de David, uno de los personajes bíblicos más destacados y devotos, nos desconcierta mucho más.
            El hijo de David, Amnón, príncipe de la corona de Israel, se enamora de su medio hermana, Tamar. Por supuesto, la naturaleza de este “amor” es cuestionada. Tamar es bella, y de acuerdo con el relato, lo que Amnón siente es una obsesión lujuriosa. Es un hombre poderoso, acostumbrado a obtener lo que quiere, y él quiere a Tamar. Pero Tamar está fuera de su alcance. Amnón piensa y piensa en el problema hasta que se siente consumido por un deseo inalcanzable y decide tener lo que piensa que le pertenece.
                        Su amigo Jonadab advierte que Amnón parece ansioso y le pregunta qué le ocurre.  “Estoy enamorado de Tamar, La hermana de mi hermano Absalón”, le responde con toda la inocencia de un sufriente Romeo.  Jonadab, ingeniosamente, le sugiere que pretenda estar enfermo. Entonces cuando su padre,  el Rey David, viene a visitarlo, Amnón le pide que envíe a su hermana Tamar a darle de comer su cena en la boca.  ¡Y listo!  Así tendrán oportunidad  de pasar un rato juntos.
            Amnón es un experto manipulador, y David es un padre cariñoso que nunca se imaginó que algo tan  negativo podía pasar en su familia.  No se dio cuenta del peligro. No notó que el muchacho fingía estar enfermo (tosía y tosía).  No le pareció extraña la insistencia de Amnón en ser servido por Tamar y por nadie más. Simplemente envió a su hija al cuarto de Amnón.       Amnón actúa su parte a la perfección. Actúa con calma para evitar que cunda la alarma. Hace que Tamar cocine en su apartamento, y luego manda salir a sus sirvientes para que ellos puedan “comer” en privado.  Luego, conociendo la amabilidad y decencia de Tamar, le pide que traiga la comida al lado de su cama y le dé  la comida con sus manos. Es recién entonces, en su dormitorio, que revela sus intenciones. 
            Cuando Tamar se da cuenta de lo que Amnón pretende, protesta con vehemencia. “No, hermano mío”, dice. “No me fuerces”.  Ella le hace entender las consecuencias que eso tendrían, tanto para ella como para la reputación de él. Ella tiene en cuenta los intereses de él tanto como los de ella misma. Ella trata de sugerirle una alternativa, pero Amnón no la quiere oír.  El quiere lo que él quiere y cuando él lo quiere.  Cuando es evidente que ella no aceptará, él usa su fuerza física para tomar lo que quiere por la fuerza.
            Cuando estuvo satisfecho, la lujuria de Amnón se transformó en aborrecimiento. La echó de la habitación como si para él no tuviera ningún valor. Se imaginó que ella iba a sentir temor y vergüenza y no iba a delatarlo, y asunto concluido.  Pero él no conocía bien a Tamar ni había notado  su gran potencia interior.  Ella no se iba a callar la boca.  Ella rasga sus vestidos, cubre su cabeza de cenizas y sale llorando a gritos hasta que todo el mundo se entera de lo que ocurrió. 
            Al escuchar sus gritos, su hermano de padre y madre Absalón sugiere a Tamar que se calme y trate de “superarlo”. Su padre David está furioso cuando escucha lo que sucedió. Pero al final no hace nada para disciplinar a Amnón o para hacer algo en cuanto a la situación. Porque después de todo, como dice el narrador, David ama a Amnón, que es su apreciado primogénito.
            Hay algunas historias que casi nunca se relatan, en las Escrituras, y tampoco en la vida real. Pero que no las relatemos no quiere decir que rara vez ocurran.  En los EE.UU,  1 de 4 mujeres y 1 de 9 hombres serán violados sexualmente en algún momento de sus vidas. Mundialmente esta cifra va creciendo y ahora 1 de 3 mujeres es violada. 1 de cada 5 niñas en edad escolar sufrirá violencia a manos de un compañero.  1 de 5 mujeres universitarias serán violadas o se intentará violarlas.  Y estas estadísticas surgen de incidentes denunciados; pero más de la mitad nunca lo son. 
            La historia de Tamar tiene más de 3000 años de antigüedad, pero tiene todas las características de una historia que bien podría suceder y sucede hoy.  Como el de Amnón, la mitad de los ataques sexuales son premeditados. Como Tamar, 80% de quienes fueron atacadas conocen a su atacante.
            La vulnerabilidad—física, social, o emocional—es explotada por quienes están en posiciones de poder.  Bondad y  compasión son aprovechadas.  Una clara negativa no es tomada en cuenta.  Y muy a menudo los observadores de repente son ciegos y los que lloran son silenciados.     
            Lo que es más increíble de todo es que los estudios que se hacen ahora muestran que la cantidad de casos hoy en día es tan grande en la iglesia como fuera de ella. ¿Cómo puede ser posible? En esta primavera mientras preparaba un estudio bíblico, leí un comentario sobre 2 Samuel.  Cuando llegué al capítulo 13  y al relato de la violación de Tamar, una simple declaración del autor al inicio de las reflexiones me alarmó: “este texto no es leído públicamente en la iglesia “.  Y entonces me di  cuenta —nosotros la iglesia hemos sido David. Hemos estado tan cerca de los hechos que no los notamos, creemos que nuestra casa es la excepción  No captamos las señales, no hacemos preguntas. Aun cuando nos griten las historias en la cara, nuestra tendencia es esquivarlas porque tenemos temor de lo que puede costar esa verdad.
            1 de 4.  1 de 9.  Para que haya un cambio—y en nombre de Dios, debe haberlo—la historia de Tamar debe ser relatada.  Y en una comunidad debemos aprender a escuchar sin escaparnos, sin cerrar nuestros ojos, sin silenciar los gritos, sin excusas ni haciendo excepciones. Cuando se nos dice que sucedió en nuestro hogar, alguien debe creerlo. Y sobre todo, alguien debe hacer lo que nadie hizo por Tamar—preguntarle qué necesita, y darle una respuesta honesta. 
            Nuestra serie de este verano sobre “Héroes Cotidianos” debía terminar la semana pasada, pero yo sentí la necesidad de añadir a la lista un nombre más—Tamar, la hija de Maaca y David, y heroína de todas las historias no contadas de la comunidad de fe.  Ella sufrió terriblemente, pero es mucho más que una víctima; Tamar es una sobreviviente, una mujer de palabra sabia y valiente acción que altera el status quo y rompe el código de silencio en nombre de aquellos que tienen miedo.
            Hay personas—tanto mujeres como hombres—aquí, entre nosotros esta mañana que comparten la historia de Tamar.  Lo último que yo tengo derecho de hacer es pararme aquí en el púlpito y decirles a ustedes lo que deben hacer con su verdad. Cada uno de nosotros está en una diferente etapa en su camino hacia la sanidad, y cada uno ha de elegir el camino a seguir.
Pero quiero que me escuchen decir desde el púlpito esta mañana que nosotros, la comunidad de fe, respetamos y honramos la fortaleza y valentía que les ha permitido seguir adelante.  Ustedes han soportado lo que nadie debería haber soportado, y han superado por mucho tiempo su dolor.  Perdonen a nuestra familia de fe por los momentos en que hemos ignorado aquello que ocurría justo frente a nuestros ojos.  Mi oración es que no sientan que tienen que cargar con su historia ustedes solas sino que encuentren a alguna persona confiable que pueda ayudarles a cargar esa historia.
            También quiero decir que si ustedes han sido parte de nuestra iglesia o de cualquier otra iglesia Menonita por algún tiempo, probablemente nos hayan oído hablar acerca de nuestros conceptos favoritos—amar a nuestros enemigos, poner la otra mejilla, cargar la cruz. Estas ideas son centrales en nuestra fe. Y nuestra convicción de andar en el camino de Jesús a menudo requiere tomar un camino de sacrificio y aun aceptar dar nuestras vidas por nuestros enemigos. Pero,  por favor,  escúchenme decir esto claramente esta mañana: la intimidad sexual nunca fue un espacio diseñado para llevar la cruz.  La intimidad sexual es un don de Dios para que dos personas se relacionen con integridad, dándose mutua y gozosamente.  Es como una ventana para sentir el inmenso amor de Dios hacia nuestras personas. El deseo de Dios de estar plenamente unido a nosotros para nuestro gozo e inconmensurable bien.  La intimidad sexual es por lo tanto un espacio sagrado para Dios. Todo uso de ese espacio que incluya violencia, intimidación, sufrimiento, o vergüenza es una violación fundamental de la voluntad de Dios y una profunda ofensa hacia Dios. 
            Por favor, por favor, no tomen el nombre de Jesús como una razón para quedarse en silencio o mantener una relación que incluye violencia o dominación sexual. Sería la última cosa que Dios esperaría de ustedes. Jesús vino para que todos y todas podamos experimentar sanidad. Plenitud de vida, y un amor con propósito. No es su voluntad que nos sometamos a ser lastimadas por alguien a cuyo cuidado hemos sido confiadas. Lo que Jesús desea para ti es que le sigas a él hasta gozar de completa sanidad y liberación. Si necesitas ayuda para dar este paso, házmelo saber o dilo a otra persona para que camine junto a ti.  
            También reconozco que seguramente hay personas en este lugar que son protagonistas al otro lado de esa historia. Personas que en algún punto de sus vidas han ejercido poder o dominación de una manera que violó el cuerpo y el espíritu de otra.  Muchos de ustedes antes de ser autores fueron víctimas ustedes mismos y están cargando con sus propias profundas cicatrices. Nosotros como comunidad nos lamentamos y lloramos con ustedes por eso, y Dios se conduele con ustedes también.
            Pero a ustedes también les ha sido confiada la peligrosa capacidad dada por Dios de hacer decisiones morales.  En algún momento de sus vidas ustedes usaron ese don de tal forma que dañó a otra persona, y ya sea que lo sepan o no lo sepan, también han dañado sus propios espíritus. Estos son daños que ni el tiempo ni el silencio pueden borrar. Allí se quedan hasta que son enfrentados. Y no importa cuán profundamente enterrados estén los secretos, los mismos ya son conocidos por aquel que más nos importa—el Dios que finalmente trae todas las cosas a la luz y las toma en cuenta.       
            Ahora mismo hay una ventana abierta para hacer algo importante—asumir responsabilidad por tus elecciones y romper el ciclo de daños que tienen la posibilidad de pasar de una generación a la otra. Tú puedes poner tu culpa a la luz sanadora de Dios en lugar de esperar que te arrastre hasta allí. Hay perdón, sanidad, y restauración en Dios, pero el único camino—el único camino— es decir la verdad.  No hay ningún desvío, no hay otra cosa que la verdad, ya sea ahora o en la eternidad.
            Dentro de un momento vamos a tomarnos un tiempo para lamentar y compartir comunión junta en una forma que ha sido especialmente adaptada teniendo en cuenta las experiencias de las muchas Tamaras que hay en nuestro medio. Pero antes  me gustaría ofrecer solo una posibilidad más para responder.  El verano pasado una joven llamada Rachel Harder inició un sitio web titulado “Nuestras Historias no Relatadas” como plataforma para iniciar una conversación acerca de la violencia sexual en la iglesia Menonita. Durante el pasado año, muchos miembros de la iglesia Menonita eligieron este sitio como lugar seguro para compartir sus propias historias.
            He colocado la dirección de internet y del Facebook que la acompaña en la pared  que está detrás de mí, como también en el boletín. Este es un posible espacio para empezar a contar  tu propia historia o escuchar las historias de otras personas.
            Que Dios bendiga la verdad, en este contar y escuchar, y que puedan así nacer nuevas esperanzas. Amén.



 Lamento

Música (Poner la grabación del Himno “Were you there when they crucified my Lord” y escucharlo todo en silencio, teniendo cada persona una copia traducida en la mano para seguir el contenido)
Las respuesta de la congregación (o junto con un grupo) a cada una de las frases de la letanía serán las del Espiritual: “Oh...Oh...Oh...Oh... Hay veces que yo tiemblo, tiemblo, tiemblo”

El pastor o la pastora que preside dice:
Oh, Dios Santo, escucha cuando clamamos a ti. Nuestro dolor es más profundo de lo que podemos soportar solos/as…

La congregación o el grupo responde:
Oh...Oh...Oh...Oh..., Hay veces que yo tiemblo, tiemblo, tiemblo

El pastor o la pastora que presiden recitan la siguiente línea y cada vez el grupo responde:  [“Oh, Oh,……


Incapaces de olvidar la violación que vivimos, clamamos…   [“Oh…Oh…Oh…Oh…”]
Sintiendo todavía las heridas, clamamos… [“Oh...Oh...Oh...Oh...” ]
Luchando para vencer nuestros temores, clamamos… [“Oh...Oh...Oh...Oh...” ]
Llorando la pérdida de nuestra inocencia, clamamos…
Sin saber a quién recurrir en nuestra miseria y soledad, clamamos...
Preguntándonos cómo tu gracia permitió esto, clamamos...
Doblados por la debilidad de la fragilidad humana, clamamos...
Anhelando familias que puedan soportar nuestras verdades junto con nosotros, clamamos...
Buscando justicia donde a nadie le parece posible, clamamos...
Buscando la clase de fe que una vez nos sostenía a todos, clamamos...
Llenos de vergüenza y confusión, deseando sentirnos protegidas y seguras otra vez, clamamos...
Esperando que la bondad y la verdad se encuentren, y la justicia y la paz se besen, clamamos...
Desesperadas por tener la valentía de enfrentar a nuestros demonios, clamamos...
Deseando dejar todo esto atrás y vivir en integridad, clamamos...
Indignados por los actos de personas que debían haber sabido no portarse como lo hicieron, clamamos...
Soportando unos con otros nuestras propias cargas y las que no cometimos nosotros, clamamos...
Perdidos/as, buscando tu guía y dirección, clamamos...
En medio de las imágenes fracturadas de la santidad y el ministerio, clamamos...
Desde la oscuridad de nuestra desesperación, clamamos...
Entrando en la nebulosa de lo que no conocemos, clamamos...
Sin saber aún cómo ayudarnos unas a otras o donde ir desde aquí, clamamos...

[El grupo clama dos veces: Oh...Oh...Oh...Oh..., Hay veces que yo tiemblo, tiemblo, tiemblo...]

Tomado de “Liturgia de Lamento por el Cuerpo Fracturado de Cristo,” at www.futurechurch.org    à Traducido

Oración de Confesión
Lector 1:             Cada cual confiese lo que tiene para confesar. Ni más, ni menos. Amén.
Lector 2:              Oh Dios, al prepararme para compartir la vida abundante en Cristo por medio de este pan y este vino, me veo a mí misma/o y sé que me creaste con amor. Mi cuerpo es bueno.  He sido amable, y fiel, y fuerte. He amado a los demás. Me he amado a mí misma, te he amado a ti. He andado en tus caminos de vida, y eso te ha agradado.
Lector 1:              Mi Dios,  también soy imperfecta. Mientras me preparo para compartir la abundante vida que nos ofreces por medio del pan y del vino, reconozco que he andado en caminos de muerte: todo lo pongo en tus manos. Y entro en nueva vida.
Lector 2:              Las palabras de esperanza que no ofrecí  a otras personas, las oraciones bondadosas que escondí en mi orgullo, las muestras de cariño que creí mejor no manifestar:  todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida.
Lector 1:              Las palabras de dolor que no me atreví a pronunciar, las oraciones de odio sepultadas en mi vergüenza, las señales de mis heridas y mi sufrimiento que decidí descartar: todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida.
Lector 2:              Mi estrechez de visión y de pensamiento, mi  necesidad de que otros hagan lo que yo quiero, y toda palabra, acto, y silencio que han herido a otras personas: todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida.
Lector 1:              Mi  tolerancia ante la injusticia, mi necesidad de  complacer a otras personas  con exceso, todas las ocasiones en que fui herida y guardé silencio, justifiqué y me esforcé por sonreír: todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida. 
Lector 2:              Mi fracaso en amar a los demás.
Reader 1:             Mi fracaso en amarme a mí misma/o.
Lectores 1 y 2:    Mi fracaso en  amar a Dios: todo eso lo dejo atrás.  Y entro en nueva vida.
Congregación:   Acepto y digo la verdad tal cual es, y me comprometo a tomar el camino del perdón: ser perdonada/o, perdonar a otras personas, y perdonarme a mí misma/o.  Ante la opción de la muerte, me comprometo a avanzar hacia la vida.
                              Oh Dios de todos nosotros, Cristo presente en esta fiesta, Espíritu viviente, ruego que nos encontremos aquí, en este pan y vino de vida.  Amén.  

Hilary H. Scarsella, Disertación sobre “Abuso Sexual  y la Cena del Señor: Un ritual de agravio y sanidad” (AMBS, Mayo de 2012)  à  Traducido
Liturgia de Comunión
Lector 1:              Sabiendo que las autoridades lo matarían y aniquilarían la esperanza del pueblo de liberación de Roma; sabiendo que en aquel tiempo la crucifixión significaba que nunca más se permitiría pronunciar su nombre en el país; sabiendo esto,
Lector 2:              Jesús la noche en que fue traicionado, tomó un pan y después de dar gracias lo partió
Lector 1:              para compartirlo
Lector 2:              y dijo “Este es mi cuerpo para ustedes.”
Lector 1:              No permitan que les hagan creer que yo puedo ser destruido. No permitan que les sean robadas sus esperanzas de paz. Yo estoy aquí mismo, con ustedes. En este pan, cuando su cuerpo y espíritu sean nutridos, todo lo que yo soy continúa viviendo.
Lector 2:              Hagan esto en memoria de mí.
Lector 1:              Pronuncien mi nombre.  Relaten la verdad de mi historia.  Continúen andando conmigo en pos de justicia y misericordia, vida y gracia. Recuérdenme, y siéntanse seguros de que esas cosas son reales.
Lector 2:              Del mismo modo, creyendo y aceptando que la sangre es lo que da al cuerpo vida, energía, y vitalidad,
Lector 1:              Jesús tomó  también la copa después de la cena diciendo, “Esta copa es el nuevo pacto
Lector 2:              por el que yo permanezco con ustedes abundantemente
Lector 1:              en mi sangre;
Lector 2:              sellada por el espíritu que fluye a través de mí, haciéndome lo que soy, sellado por mi misma naturaleza.
Lector 1:              Hagan esto cada vez que la beban en memoria de mí”;
Lector 2:              En memoria de la vida abundante que  he vivido e invito a ustedes a vivir.
Lector 1:              Porque cada vez que ustedes coman de este pan y beban de esta copa, proclamarán la muerte de Jesús hasta que él  vuelva.
Lector 2:              Ustedes digan la verdad de lo que se ha hecho conmigo. Y digan la verdad de que aunque yo fui  matado, los propósitos de Dios no serán desbaratados.
Quienes sirven la comunión:
Coman y sean nutridos
Beban y queden satisfechos



Hilary H. Scarsella, Disertación,, “Abuso Sexual y la Cena del Señor: Un Ritual de Agravio y Sanidad” (AMBS, Mayo de 2012) à Condensado, adaptado y traducido

Traducción: Milka Rindzinski Gulla