martes, 8 de octubre de 2013

TAMAR


Historias No Contadas
2 Samuel 13:1-21

            Para la Iglesia  Menonita de Albany (IMA), en Estados Unidos, este ha sido un verano de explorar historias; historias sobre la valentía de príncipes y prostitutas, sobre la generosidad de ricos recaudadores de impuestos y empobrecidas viudas, sobre la fe de enérgicas hermanas, y la generosidad de amigos que te dan la mano.  Las Escrituras están repletas de historias como las que hemos escuchado en las últimas 12 semanas—graciosas y desafiantes, inspiradoras y desconcertantes.
            Pero  existe también una serie de historias en las Escrituras que  apostaría que nunca las han escuchado en la iglesia. Estas historias son tan perturbadoras y nos dejan preguntas tan difíciles que la mayoría de nosotros preferimos hacer de cuenta que no están en la Biblia. La historia de esta mañana es de esta última clase. El hecho de que el incidente ocurrió en la familia de David, uno de los personajes bíblicos más destacados y devotos, nos desconcierta mucho más.
            El hijo de David, Amnón, príncipe de la corona de Israel, se enamora de su medio hermana, Tamar. Por supuesto, la naturaleza de este “amor” es cuestionada. Tamar es bella, y de acuerdo con el relato, lo que Amnón siente es una obsesión lujuriosa. Es un hombre poderoso, acostumbrado a obtener lo que quiere, y él quiere a Tamar. Pero Tamar está fuera de su alcance. Amnón piensa y piensa en el problema hasta que se siente consumido por un deseo inalcanzable y decide tener lo que piensa que le pertenece.
                        Su amigo Jonadab advierte que Amnón parece ansioso y le pregunta qué le ocurre.  “Estoy enamorado de Tamar, La hermana de mi hermano Absalón”, le responde con toda la inocencia de un sufriente Romeo.  Jonadab, ingeniosamente, le sugiere que pretenda estar enfermo. Entonces cuando su padre,  el Rey David, viene a visitarlo, Amnón le pide que envíe a su hermana Tamar a darle de comer su cena en la boca.  ¡Y listo!  Así tendrán oportunidad  de pasar un rato juntos.
            Amnón es un experto manipulador, y David es un padre cariñoso que nunca se imaginó que algo tan  negativo podía pasar en su familia.  No se dio cuenta del peligro. No notó que el muchacho fingía estar enfermo (tosía y tosía).  No le pareció extraña la insistencia de Amnón en ser servido por Tamar y por nadie más. Simplemente envió a su hija al cuarto de Amnón.       Amnón actúa su parte a la perfección. Actúa con calma para evitar que cunda la alarma. Hace que Tamar cocine en su apartamento, y luego manda salir a sus sirvientes para que ellos puedan “comer” en privado.  Luego, conociendo la amabilidad y decencia de Tamar, le pide que traiga la comida al lado de su cama y le dé  la comida con sus manos. Es recién entonces, en su dormitorio, que revela sus intenciones. 
            Cuando Tamar se da cuenta de lo que Amnón pretende, protesta con vehemencia. “No, hermano mío”, dice. “No me fuerces”.  Ella le hace entender las consecuencias que eso tendrían, tanto para ella como para la reputación de él. Ella tiene en cuenta los intereses de él tanto como los de ella misma. Ella trata de sugerirle una alternativa, pero Amnón no la quiere oír.  El quiere lo que él quiere y cuando él lo quiere.  Cuando es evidente que ella no aceptará, él usa su fuerza física para tomar lo que quiere por la fuerza.
            Cuando estuvo satisfecho, la lujuria de Amnón se transformó en aborrecimiento. La echó de la habitación como si para él no tuviera ningún valor. Se imaginó que ella iba a sentir temor y vergüenza y no iba a delatarlo, y asunto concluido.  Pero él no conocía bien a Tamar ni había notado  su gran potencia interior.  Ella no se iba a callar la boca.  Ella rasga sus vestidos, cubre su cabeza de cenizas y sale llorando a gritos hasta que todo el mundo se entera de lo que ocurrió. 
            Al escuchar sus gritos, su hermano de padre y madre Absalón sugiere a Tamar que se calme y trate de “superarlo”. Su padre David está furioso cuando escucha lo que sucedió. Pero al final no hace nada para disciplinar a Amnón o para hacer algo en cuanto a la situación. Porque después de todo, como dice el narrador, David ama a Amnón, que es su apreciado primogénito.
            Hay algunas historias que casi nunca se relatan, en las Escrituras, y tampoco en la vida real. Pero que no las relatemos no quiere decir que rara vez ocurran.  En los EE.UU,  1 de 4 mujeres y 1 de 9 hombres serán violados sexualmente en algún momento de sus vidas. Mundialmente esta cifra va creciendo y ahora 1 de 3 mujeres es violada. 1 de cada 5 niñas en edad escolar sufrirá violencia a manos de un compañero.  1 de 5 mujeres universitarias serán violadas o se intentará violarlas.  Y estas estadísticas surgen de incidentes denunciados; pero más de la mitad nunca lo son. 
            La historia de Tamar tiene más de 3000 años de antigüedad, pero tiene todas las características de una historia que bien podría suceder y sucede hoy.  Como el de Amnón, la mitad de los ataques sexuales son premeditados. Como Tamar, 80% de quienes fueron atacadas conocen a su atacante.
            La vulnerabilidad—física, social, o emocional—es explotada por quienes están en posiciones de poder.  Bondad y  compasión son aprovechadas.  Una clara negativa no es tomada en cuenta.  Y muy a menudo los observadores de repente son ciegos y los que lloran son silenciados.     
            Lo que es más increíble de todo es que los estudios que se hacen ahora muestran que la cantidad de casos hoy en día es tan grande en la iglesia como fuera de ella. ¿Cómo puede ser posible? En esta primavera mientras preparaba un estudio bíblico, leí un comentario sobre 2 Samuel.  Cuando llegué al capítulo 13  y al relato de la violación de Tamar, una simple declaración del autor al inicio de las reflexiones me alarmó: “este texto no es leído públicamente en la iglesia “.  Y entonces me di  cuenta —nosotros la iglesia hemos sido David. Hemos estado tan cerca de los hechos que no los notamos, creemos que nuestra casa es la excepción  No captamos las señales, no hacemos preguntas. Aun cuando nos griten las historias en la cara, nuestra tendencia es esquivarlas porque tenemos temor de lo que puede costar esa verdad.
            1 de 4.  1 de 9.  Para que haya un cambio—y en nombre de Dios, debe haberlo—la historia de Tamar debe ser relatada.  Y en una comunidad debemos aprender a escuchar sin escaparnos, sin cerrar nuestros ojos, sin silenciar los gritos, sin excusas ni haciendo excepciones. Cuando se nos dice que sucedió en nuestro hogar, alguien debe creerlo. Y sobre todo, alguien debe hacer lo que nadie hizo por Tamar—preguntarle qué necesita, y darle una respuesta honesta. 
            Nuestra serie de este verano sobre “Héroes Cotidianos” debía terminar la semana pasada, pero yo sentí la necesidad de añadir a la lista un nombre más—Tamar, la hija de Maaca y David, y heroína de todas las historias no contadas de la comunidad de fe.  Ella sufrió terriblemente, pero es mucho más que una víctima; Tamar es una sobreviviente, una mujer de palabra sabia y valiente acción que altera el status quo y rompe el código de silencio en nombre de aquellos que tienen miedo.
            Hay personas—tanto mujeres como hombres—aquí, entre nosotros esta mañana que comparten la historia de Tamar.  Lo último que yo tengo derecho de hacer es pararme aquí en el púlpito y decirles a ustedes lo que deben hacer con su verdad. Cada uno de nosotros está en una diferente etapa en su camino hacia la sanidad, y cada uno ha de elegir el camino a seguir.
Pero quiero que me escuchen decir desde el púlpito esta mañana que nosotros, la comunidad de fe, respetamos y honramos la fortaleza y valentía que les ha permitido seguir adelante.  Ustedes han soportado lo que nadie debería haber soportado, y han superado por mucho tiempo su dolor.  Perdonen a nuestra familia de fe por los momentos en que hemos ignorado aquello que ocurría justo frente a nuestros ojos.  Mi oración es que no sientan que tienen que cargar con su historia ustedes solas sino que encuentren a alguna persona confiable que pueda ayudarles a cargar esa historia.
            También quiero decir que si ustedes han sido parte de nuestra iglesia o de cualquier otra iglesia Menonita por algún tiempo, probablemente nos hayan oído hablar acerca de nuestros conceptos favoritos—amar a nuestros enemigos, poner la otra mejilla, cargar la cruz. Estas ideas son centrales en nuestra fe. Y nuestra convicción de andar en el camino de Jesús a menudo requiere tomar un camino de sacrificio y aun aceptar dar nuestras vidas por nuestros enemigos. Pero,  por favor,  escúchenme decir esto claramente esta mañana: la intimidad sexual nunca fue un espacio diseñado para llevar la cruz.  La intimidad sexual es un don de Dios para que dos personas se relacionen con integridad, dándose mutua y gozosamente.  Es como una ventana para sentir el inmenso amor de Dios hacia nuestras personas. El deseo de Dios de estar plenamente unido a nosotros para nuestro gozo e inconmensurable bien.  La intimidad sexual es por lo tanto un espacio sagrado para Dios. Todo uso de ese espacio que incluya violencia, intimidación, sufrimiento, o vergüenza es una violación fundamental de la voluntad de Dios y una profunda ofensa hacia Dios. 
            Por favor, por favor, no tomen el nombre de Jesús como una razón para quedarse en silencio o mantener una relación que incluye violencia o dominación sexual. Sería la última cosa que Dios esperaría de ustedes. Jesús vino para que todos y todas podamos experimentar sanidad. Plenitud de vida, y un amor con propósito. No es su voluntad que nos sometamos a ser lastimadas por alguien a cuyo cuidado hemos sido confiadas. Lo que Jesús desea para ti es que le sigas a él hasta gozar de completa sanidad y liberación. Si necesitas ayuda para dar este paso, házmelo saber o dilo a otra persona para que camine junto a ti.  
            También reconozco que seguramente hay personas en este lugar que son protagonistas al otro lado de esa historia. Personas que en algún punto de sus vidas han ejercido poder o dominación de una manera que violó el cuerpo y el espíritu de otra.  Muchos de ustedes antes de ser autores fueron víctimas ustedes mismos y están cargando con sus propias profundas cicatrices. Nosotros como comunidad nos lamentamos y lloramos con ustedes por eso, y Dios se conduele con ustedes también.
            Pero a ustedes también les ha sido confiada la peligrosa capacidad dada por Dios de hacer decisiones morales.  En algún momento de sus vidas ustedes usaron ese don de tal forma que dañó a otra persona, y ya sea que lo sepan o no lo sepan, también han dañado sus propios espíritus. Estos son daños que ni el tiempo ni el silencio pueden borrar. Allí se quedan hasta que son enfrentados. Y no importa cuán profundamente enterrados estén los secretos, los mismos ya son conocidos por aquel que más nos importa—el Dios que finalmente trae todas las cosas a la luz y las toma en cuenta.       
            Ahora mismo hay una ventana abierta para hacer algo importante—asumir responsabilidad por tus elecciones y romper el ciclo de daños que tienen la posibilidad de pasar de una generación a la otra. Tú puedes poner tu culpa a la luz sanadora de Dios en lugar de esperar que te arrastre hasta allí. Hay perdón, sanidad, y restauración en Dios, pero el único camino—el único camino— es decir la verdad.  No hay ningún desvío, no hay otra cosa que la verdad, ya sea ahora o en la eternidad.
            Dentro de un momento vamos a tomarnos un tiempo para lamentar y compartir comunión junta en una forma que ha sido especialmente adaptada teniendo en cuenta las experiencias de las muchas Tamaras que hay en nuestro medio. Pero antes  me gustaría ofrecer solo una posibilidad más para responder.  El verano pasado una joven llamada Rachel Harder inició un sitio web titulado “Nuestras Historias no Relatadas” como plataforma para iniciar una conversación acerca de la violencia sexual en la iglesia Menonita. Durante el pasado año, muchos miembros de la iglesia Menonita eligieron este sitio como lugar seguro para compartir sus propias historias.
            He colocado la dirección de internet y del Facebook que la acompaña en la pared  que está detrás de mí, como también en el boletín. Este es un posible espacio para empezar a contar  tu propia historia o escuchar las historias de otras personas.
            Que Dios bendiga la verdad, en este contar y escuchar, y que puedan así nacer nuevas esperanzas. Amén.



 Lamento

Música (Poner la grabación del Himno “Were you there when they crucified my Lord” y escucharlo todo en silencio, teniendo cada persona una copia traducida en la mano para seguir el contenido)
Las respuesta de la congregación (o junto con un grupo) a cada una de las frases de la letanía serán las del Espiritual: “Oh...Oh...Oh...Oh... Hay veces que yo tiemblo, tiemblo, tiemblo”

El pastor o la pastora que preside dice:
Oh, Dios Santo, escucha cuando clamamos a ti. Nuestro dolor es más profundo de lo que podemos soportar solos/as…

La congregación o el grupo responde:
Oh...Oh...Oh...Oh..., Hay veces que yo tiemblo, tiemblo, tiemblo

El pastor o la pastora que presiden recitan la siguiente línea y cada vez el grupo responde:  [“Oh, Oh,……


Incapaces de olvidar la violación que vivimos, clamamos…   [“Oh…Oh…Oh…Oh…”]
Sintiendo todavía las heridas, clamamos… [“Oh...Oh...Oh...Oh...” ]
Luchando para vencer nuestros temores, clamamos… [“Oh...Oh...Oh...Oh...” ]
Llorando la pérdida de nuestra inocencia, clamamos…
Sin saber a quién recurrir en nuestra miseria y soledad, clamamos...
Preguntándonos cómo tu gracia permitió esto, clamamos...
Doblados por la debilidad de la fragilidad humana, clamamos...
Anhelando familias que puedan soportar nuestras verdades junto con nosotros, clamamos...
Buscando justicia donde a nadie le parece posible, clamamos...
Buscando la clase de fe que una vez nos sostenía a todos, clamamos...
Llenos de vergüenza y confusión, deseando sentirnos protegidas y seguras otra vez, clamamos...
Esperando que la bondad y la verdad se encuentren, y la justicia y la paz se besen, clamamos...
Desesperadas por tener la valentía de enfrentar a nuestros demonios, clamamos...
Deseando dejar todo esto atrás y vivir en integridad, clamamos...
Indignados por los actos de personas que debían haber sabido no portarse como lo hicieron, clamamos...
Soportando unos con otros nuestras propias cargas y las que no cometimos nosotros, clamamos...
Perdidos/as, buscando tu guía y dirección, clamamos...
En medio de las imágenes fracturadas de la santidad y el ministerio, clamamos...
Desde la oscuridad de nuestra desesperación, clamamos...
Entrando en la nebulosa de lo que no conocemos, clamamos...
Sin saber aún cómo ayudarnos unas a otras o donde ir desde aquí, clamamos...

[El grupo clama dos veces: Oh...Oh...Oh...Oh..., Hay veces que yo tiemblo, tiemblo, tiemblo...]

Tomado de “Liturgia de Lamento por el Cuerpo Fracturado de Cristo,” at www.futurechurch.org    à Traducido

Oración de Confesión
Lector 1:             Cada cual confiese lo que tiene para confesar. Ni más, ni menos. Amén.
Lector 2:              Oh Dios, al prepararme para compartir la vida abundante en Cristo por medio de este pan y este vino, me veo a mí misma/o y sé que me creaste con amor. Mi cuerpo es bueno.  He sido amable, y fiel, y fuerte. He amado a los demás. Me he amado a mí misma, te he amado a ti. He andado en tus caminos de vida, y eso te ha agradado.
Lector 1:              Mi Dios,  también soy imperfecta. Mientras me preparo para compartir la abundante vida que nos ofreces por medio del pan y del vino, reconozco que he andado en caminos de muerte: todo lo pongo en tus manos. Y entro en nueva vida.
Lector 2:              Las palabras de esperanza que no ofrecí  a otras personas, las oraciones bondadosas que escondí en mi orgullo, las muestras de cariño que creí mejor no manifestar:  todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida.
Lector 1:              Las palabras de dolor que no me atreví a pronunciar, las oraciones de odio sepultadas en mi vergüenza, las señales de mis heridas y mi sufrimiento que decidí descartar: todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida.
Lector 2:              Mi estrechez de visión y de pensamiento, mi  necesidad de que otros hagan lo que yo quiero, y toda palabra, acto, y silencio que han herido a otras personas: todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida.
Lector 1:              Mi  tolerancia ante la injusticia, mi necesidad de  complacer a otras personas  con exceso, todas las ocasiones en que fui herida y guardé silencio, justifiqué y me esforcé por sonreír: todo eso lo dejo atrás. Y entro en nueva vida. 
Lector 2:              Mi fracaso en amar a los demás.
Reader 1:             Mi fracaso en amarme a mí misma/o.
Lectores 1 y 2:    Mi fracaso en  amar a Dios: todo eso lo dejo atrás.  Y entro en nueva vida.
Congregación:   Acepto y digo la verdad tal cual es, y me comprometo a tomar el camino del perdón: ser perdonada/o, perdonar a otras personas, y perdonarme a mí misma/o.  Ante la opción de la muerte, me comprometo a avanzar hacia la vida.
                              Oh Dios de todos nosotros, Cristo presente en esta fiesta, Espíritu viviente, ruego que nos encontremos aquí, en este pan y vino de vida.  Amén.  

Hilary H. Scarsella, Disertación sobre “Abuso Sexual  y la Cena del Señor: Un ritual de agravio y sanidad” (AMBS, Mayo de 2012)  à  Traducido
Liturgia de Comunión
Lector 1:              Sabiendo que las autoridades lo matarían y aniquilarían la esperanza del pueblo de liberación de Roma; sabiendo que en aquel tiempo la crucifixión significaba que nunca más se permitiría pronunciar su nombre en el país; sabiendo esto,
Lector 2:              Jesús la noche en que fue traicionado, tomó un pan y después de dar gracias lo partió
Lector 1:              para compartirlo
Lector 2:              y dijo “Este es mi cuerpo para ustedes.”
Lector 1:              No permitan que les hagan creer que yo puedo ser destruido. No permitan que les sean robadas sus esperanzas de paz. Yo estoy aquí mismo, con ustedes. En este pan, cuando su cuerpo y espíritu sean nutridos, todo lo que yo soy continúa viviendo.
Lector 2:              Hagan esto en memoria de mí.
Lector 1:              Pronuncien mi nombre.  Relaten la verdad de mi historia.  Continúen andando conmigo en pos de justicia y misericordia, vida y gracia. Recuérdenme, y siéntanse seguros de que esas cosas son reales.
Lector 2:              Del mismo modo, creyendo y aceptando que la sangre es lo que da al cuerpo vida, energía, y vitalidad,
Lector 1:              Jesús tomó  también la copa después de la cena diciendo, “Esta copa es el nuevo pacto
Lector 2:              por el que yo permanezco con ustedes abundantemente
Lector 1:              en mi sangre;
Lector 2:              sellada por el espíritu que fluye a través de mí, haciéndome lo que soy, sellado por mi misma naturaleza.
Lector 1:              Hagan esto cada vez que la beban en memoria de mí”;
Lector 2:              En memoria de la vida abundante que  he vivido e invito a ustedes a vivir.
Lector 1:              Porque cada vez que ustedes coman de este pan y beban de esta copa, proclamarán la muerte de Jesús hasta que él  vuelva.
Lector 2:              Ustedes digan la verdad de lo que se ha hecho conmigo. Y digan la verdad de que aunque yo fui  matado, los propósitos de Dios no serán desbaratados.
Quienes sirven la comunión:
Coman y sean nutridos
Beban y queden satisfechos



Hilary H. Scarsella, Disertación,, “Abuso Sexual y la Cena del Señor: Un Ritual de Agravio y Sanidad” (AMBS, Mayo de 2012) à Condensado, adaptado y traducido

Traducción: Milka Rindzinski Gulla